La Familia Correa-Romero
Actualmente tenemos 3 niños puertorriqueños en dos experiencias de adopción separadas. Nuestra primera experiencia, después de 12 años de casados y de problemas de infertilidad, fue con Félix Javier. Él fue trado a nuestra casa por el Departamento de la Familia, Oficina de San Juan, contando solamente con 7 meses de nacido. Él era un bebé hermoso, simpático y feliz; siempre estaba riéndose. Tuvimos visitas de supervisión por 6 meses y finalmente terminamos los trámites legales en noviembre de 2001 cuando Félix Javier tenía 16 meses de edad. La experiencia fue fabulosa para nosotros. Parecía como si hubiésemos tenido un bebé sin sufrir los dolores del parto. Todo el mundo decía que había sido enviado por Dios por lo parecido que era con su papá. Mi esposo y yo no podemos decir que hay diferencia entre tener un hijo biológico o un hijo o adoptivo. Félix Javier es un niño sumamente saludable y contento. El proceso legal nos pareció como habernos casado ante un juez con nuestro niño. Fue una experiencia sumamente emotiva para nosotros. Nuestro acoplamiento con el nene fue fantástico desde el principio. Fue algo tan fácil para nosotros y puedo decir “que no parece haber sido adoptado”. Es más bien cuando adoptas a un niño grande que realmente puedes experimentar lo que significa adoptar.
Así comenzó nuestra segunda experiencia de adopción: dos hermanitas biológicas (Anabelle y Estefanía). En nuestra búsqueda de una hermana o hermano para Félix Javier, el Departamento de la Familia nos llamó para hablarnos de estas dos niñas que eran hermanas y que no las querían separar porque habían sido removidas de su hogar biológico juntas (Anabelle fue removida a los 5 años y Estefanía sólo contaba con 6 meses). Luego de haber sido removidas ellas estuvieron en 3 hogares de crianza diferentes (primero con un familiar y luego con otros dos hogares de crianza). En cada una de estas experiencias fueron mal atendidas y hasta abusadas (especialmente Anabelle). Luego de haber visto sus fotos en Mayo de 2004, Félix y yo decidimos llevarlas a nuestro hogar después de haberlas tenido con nosotros por varios fines de semana hasta que Anabelle terminó su primer grado en la escuela. Fue un verdadero desafío para nosotros atender a Félix Javier inicialmente debido a sus episodios severos de celos y recordándole que le preguntamos si él quería hermanos(as) con quien jugar y nos contestó que sí.
Por otra parte, también teníamos que atender las necesidades de las nenas que necesitaban nuestra confianza y amor. Anabelle nos había expresado desde el principio que ella no podía confiar en ningún adulto y desde el principio le validamos sus sentimientos y le hicimos comprender que en nosotros sí podía confiar y que pronto ella lo iba a poder confirmar con el tiempo. Con Estefanía fue mucho más fácil ya que ella no vivió tanto abuso sino mas bien nadie atendía sus necesidades de afecto y atención y fue diferente. Ambas todavía tienen síntomas de problemas de apego. Ha sido muy difícil para nosotros enseñarles que pueden confiar en nosotros, sobre todo por parte de Anabelle. Por estas razones estamos más inspirados que nunca en luchar por los niños puertorriqueños que todavía se encuentran en el sistema de crianza sin haber encontrado una familia amorosa, estable y permanentemente. Mi esposo y yo y nuestra Junta de Directores sentimos la misma pasión y compartimos el mismo dolor. Vemos en los ojos de nuestros niños a otros que no han encontrado una “libertad emocional” en qué apoyarse. Ahora estamos satisfechos en ser la “salvación” en las vidas de nuestras niñas. Sus actitudes, carácter y salud emocional están mejorando día a día y todos los que conocemos nos apoyan alabando nuestra labor de haber “creado” una mejor vida para ellas. Anabelle especialmente es una niña completamente diferente ahora. De haber sido una niña mal humorada y negativa se ha convertido en una niña totalmente confiada y positiva. Ella le cuenta a todo el mundo que fue adoptada y cómo su vida cambió súbitamente. La mamá de una de sus mejores amigas me contó que su hija le habló sobre la historia de Anabelle y que quedó impresionada en saber cómo dos padres como nosotros han podido impactar su vida positivamente y convertirla en una niña muy feliz. Cada día se convierte en una oportunidad en hacer de cada uno de nuestros niños una mejor personita y tenemos confianza y estamos fervorosos en que con el favor de Dios vamos a lograr criar a nuestros hijos apropiadamente y para que sean seres humanos excepcionales.
Pienso que Dios nos guió a adoptar porque ningún médico nos ha podido dar una explicación válida del por qué no hemos podido tener hijos biológicos. Pero hoy ya estamos seguros del por qué. Mi esposo y yo tenemos una misión especial de Dios en ser un ejemplo para que otros puedan seguir y trazar el camino hacia la felicidad de muchos niños sin padres apropiados y también lograr bajar la cantidad de abortos en Puerto Rico. Recientemente tuvimos la experiencia de servir de anfitriones para los adiestramientos ofrecidos por la organización “Spaulding for Children”, quienes llevaron a cabo en Puerto Rico su adiestramiento sobre la Concientización de Adopción de Infantes. La audiencia consistió en empleados del Departamento de Salud que trabajan a diario con mujeres y adolescentes que experimentan embarazos no deseados. Por lo tanto, nos sentimos agradecidos a Dios por habernos dado la oportunidad de ser portavoces en esta misión tan importante.