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La Familia Oliveras

Photograph of the Oliveras Family

Nuestra hija Arantxa Irelsa Rivera Oliveras llegó a nuestras vidas cuando tenía 2 años con 7 meses de edad en el año 2002, y terminamos el proceso de adopción cuando la nena tenía 5 años de edad en el año 2004.


En Puerto Rico la custodia de los niños para adopción la tiene el estado a través del Departamento de la Familia. En nuestro caso nuestra hija llegó a nosotros a través de esa agencia gubernamental.


Yo comencé mi proceso de adopción como madre soltera porque siempre decía que quería ser madre si estuviera casada o no, y si Dios no me daba el privilegio de ser madre biológica siempre decía desde pequeña que quería adoptar porque para mí nunca ha habido una diferencia entre un hijo biológico y un hijo adoptivo.


Durante el proceso me casé y mi esposo y yo terminamos juntos el proceso de la adopción de Arantxa. A causa de las condiciones de nuestra niña empezamos una rutina estricta para que ella no se olvidara todo lo que tiene que hacer. Ella sabe que cuando mamá llega del trabajo lo primero que se hace es revisar todas las libretas y hablar sobre la tarea y asignaciones y/o trabajos pendientes. Y si hay algún problema que afecta a nuestro núcleo familiar lo atendemos juntos en la sala. En estas reuniones, conocidas como reuniones de la familia, aclaramos normas y reglas, e implantamos un “descanso formal” (“time out”) o la felicitamos por sus logros y la llevamos a hacer lo que ella quiera como premio, lo cual puede ser ir al cine o llevarla a comer pizza. A ella le encanta hacer “cine”, como ella le llama. Esto sucede en el cuarto de mamá y de papá y se pone un DVD de alguna película que más le guste, comemos palomitas (“popcorn”) y servimos refrescos como si fuera realmente un cine de un centro comercial.


Ahora luego de casi 2 años de tener a nuestra hija con medicamentos, terapias y doctores especializados, y como padres de educarnos y adiestrarnos a través de libros, conferencias e información del internet, observamos una mejoría sin precedentes en su aprovechamiento escolar, su ejecución y su conducta tanto en el hogar como en la escuela.


También nos unimos a la Asociación Puertorriqueña de Padres Adoptivos (APPA) y esto nos ha servido como un grupo de apoyo para que estemos conscientes de que no estamos solos, y que existe una comunidad adoptiva que siente y padece lo mismo que pasamos nosotros, sabiendo que con la base de con amor y motivación podríamos lograr sacar a nuestra hija adelante.


Nuestra familia fue bendecida con Arantxa Irelsa desde su colocación en nuestro hogar en 2002 y nunca nos hubiésemos podido imaginar cuánto cambiaría nuestra vida. Por tal razón entendemos que nuestra misión como familia es ir por el mundo y contar lo que el proceso de adopción hizo para nosotros y lo feliz que somos con la decisión que tomamos. Si nosotros podemos lograr que una familia entienda lo bonito que es la adopción y que esto no es como se distorciona en los medios, entonces nuestro trabajo se ha cumplido.


Las bendiciones que hemos recibido de la adopción son tantas que no se pueden enumerar, pero si me preguntan si lo volvería a hacer no pasaría ni un segundo en el cual diría “POR SUPUESTO SIN PENSARLO DOS VECES!”