Debido a que la adopción es, raramente, la primera alternativa que consideran quienes desean tener hijos, hay mucho desconocimiento en torno a la misma. Hay quien teme iniciar el proceso porque ha oído que el mismo es complicado, que alegadamente cuesta mucho, que en Puerto Rico es casi imposible, que los padres biológicos seguirán interfiriendo en la vida del menor, que los niños disponibles tienen problemas de salud. Afortunadamente, la verdad sobre la adopción es que es un proceso administrativo y legal que generalmente culmina en la creación de una relación permanente y amorosa entre un niño o niña y sus padres.
En el caso de Samuel, un cartero de Río Piedras, el proceso inició cuando se acercó a una oficina local del Departamento de la Familia, donde una trabajadora social le ofreció una orientación inicial y le dio información escrita sobre el proceso de adopción en Puerto Rico. Animado por este primer encuentro positivo, consultó con Nancy, su esposa por quince años, quien había recién terminado una serie de tratamientos de fertilidad dolorosos e infructuosos. Tras recopilar varios documentos personales requeridos, regresaron juntos al DF y, tras una entrevista conjunta con la trabajadora social, iniciaron el proceso. A esto siguió una visita al hogar y el vecindario, y conversaciones sobre lo que Nancy y Samuel esperaban de la niña que deseaban. Unos cuatro meses después, Nancy recibió una llamada para pasar a ver la foto de una niñita de dos años cumplidos, cuya patria potestad había asumido el DF.
Algo tocó el corazón de Nancy al ver los ojitos melancólicos y la carita inocente de la pequeña, y persuadió a su esposo a que la fuera a ver. Al siguiente día hicieron cita para conocer a la niñita, y un día después ya la tenían en sus brazos, gracias a un pase de fin de semana que les fue concedido para que ella pernoctara. Fue tan poderosa la química entre ellos durante el fin de semana que, llegado el lunes, ya sabían en sus corazones que esta pequeña había llegado al hogar para quedarse. Y poco después de un año, al concluir el período de supervisión del DF y radicarse en el tribunal una solicitud de adopción, Natalie se convirtió, legalmente, en la hija de Nancy y Samuel en una sola vista.
“Desde que Natalie llegó a nosotros siempre hemos tratado de hacerle saber que la adopción es algo natural y hermoso”, comenta Nancy. “Yo le contestaba sus preguntas al nivel que ella pudiera entender, y así aprendió que Papa Dios la tenía escogida para nosotros. Como yo no podía tener bebés en mi barriga, Papa Dios la puso en la barriga de otra señora muy buena y, eventualmente, llegó a los brazos de su mamá para siempre. Y además, ella tuvo el privilegio de ser escogida porque había nacido de mi corazón.”
“Nuestra hija es una bendición del cielo”, añade Samuel. “Es preciosa, muy cariñosa, inteligente y madura para su edad. Le encanta cantar, bailar, dibujar y contarnos cuentos de su imaginación. En muchos de esos cuentos, nos habla de cuando ella estaba en el cielo esperando nacer y cómo ella llegó a nosotros, porque según ella, desde que era un angelito ella nos escogió a nosotros como sus papás para siempre. Ella adora a sus abuelos, primitos y tíos, y especialmente a sus perritas shihtzu Tiny y Yuri.”
Un detalle hermoso de esta historia es que el hermanito menor de Natalie, fue adoptado por Félix y Rosana Correa, otra pareja de Río Piedras (y que han compartido su historia en adopte1.org), algún tiempo después. Mediante autorización previa y la coordinación de la trabajadora social, los papás de Félix Javier se pusieron en contacto con Nancy y Samuel, y ahora hay una bonita amistad entre ambas familias. Y los niños comparten muy a menudo y en sus fechas especiales sabiendo que son hermanitos y queriéndose mucho.