La Familia Villegas-Barbera

Photograph of the Villegas-Barbera Family

Eduardo y yo nos conocimos hace ya 20 años atrás cuando fui a vivir y trabajar en Chile. Nos conocimos porque los dos estábamos muy metidos en el movimiento de derechos humanos y para terminar con el régimen brutal de Pinochet. Encontramos que teníamos valores compartidos y empezamos a salir juntos. Decidimos casarnos siempre con el compromiso de seguir trabajando en el campo de derechos humanos.


Cuando planificamos nuestra ceremonia de matrimonio decidimos escribir nuestros propios votos que reflejarían nuestro compromiso a construir un mundo mejor. Parte de los votos incluyó un compromiso a abrir nuestra casa a los que faltaban donde estar. Pensamos en aquel tiempo en adoptar porque los dos sabíamos de tantos niños y niñas que faltaban de un hogar permanente. Eduardo pasaba una buena parte de su niñez en un hogar internado porque su madre no podía cuidarlo. Su vida allá, igual que la vida de los otros niños, fue muy duro y sufrió mucho hasta escaparse un día para volver a la casa de su mamá. Allá tampoco llevaba una vida muy buena porque vivían en una pobreza absoluta, pero por los menos sentía el cariño de su madre. Por mi parte, siempre pensaba que ya habían demasiada gente en la planeta y quise abrir nuestra casa y corazones a un par de niños que no tenían una familia permanente.


Al llegar a los EE.UU. seguimos en el trabajo de derechos humanos y hasta hoy día estamos metidos en la lucha para los derechos humanos tanto en los Estados Unidos como en el resto del mundo. Es nuestro compromiso seguir toda la vida en el movimiento por los derechos humanos y queremos darles un buen ejemplo a nuestros hijos de cómo es ser un ciudadano del mundo. Eduardo y yo decidimos estudiar trabajo social para poder profesionalmente tanto como personalmente contribuir a un mundo mejor. Eduardo es trabajador dentro del sistema público del bienestar de niños en Filadelfia; yo soy profesora de trabajo social en Monmouth University donde la base de mis clases es un compromiso a derechos humanos – derechos civiles, políticos, sociales, económicos, culturales y colectivos.


Cuando Eduardo y yo empezamos a compartir nuestro deseo de adoptar, mucha gente no entendía. Algunas personas quisieron saber porque, siempre pensando de que un de nosotros teníamos algún “problema” y no pudimos concebir. Al final, sin embargo, pudimos convencerles y educarlos a la vez de adopción y de la necesidad de tantos niños y niñas.


Cuando nos dimos cuenta que ya había llegado el momento para adoptar, yo había terminado mi doctorado y Eduardo su maestría, tomamos contacto con el SWAN (Red Estatal de Adopción – Statewide Adoption Network). Quisimos, si fuera posible, adoptar un niño o una niña de descendencia latina porque pudimos ofrecerles un hogar bilingüe y bicultural. Tomamos contacto con la Asociación de Puertorriqueños en Marcha (APM) y la verdad, nunca hemos dudado de esa decisión. La gente de APM nos ha acompañado cada paso, nos han ofrecido una formación buenísima y completa, en inglés y castellano, y han hecho el proceso lo más fácil posible.


La Familia Villegas-Barbera

Cuando terminamos el proceso de solicitud, empezamos con la pagina web de AdoptUsKids.org pero mientras buscamos allá, tuvimos la suerte de saber de un niño en foster care por APM que quisieron trasladar a nuestra casa. Carlos llegó a nuestro hogar el 23 de Octubre de 2006 con tres meses de edad y sin nombre. Le pusimos el nombre de Carlos por una razón muy especial – tenemos una amiga en Chile, Norma, que a los 80 años sigue luchando por los derechos humanos. Hace más de 30 años atrás llevaron su hijo mayor preso y lo torturaron hasta la muerte e hicieron desaparecer su cuerpo. Su crimen fue ser humano con algunos prisioneros políticos en su cargo. Cuando nos fuimos de Chile, Norma le dijo al Eduardo que el habían re-emplazado Carlos en su vida. Yo me quedé muy impresionado con eso y quise honrar ella y la memoria de su hijo con ponerle Carlos a nuestro hijo. De hecho, ella está, al final de su vida, muy contenta con su nuevo Carlitos.


Cuando fuimos a buscar Carlitos el 23 de Octubre, conocimos a una niña de 9 meses – Mariana. Ella no estaba en la adopción en ese momento, pero 9 meses después, eso cambió y ella también llegó a nuestro hogar. Es increíble – ellos se acompañaron como bebes en foster care, y ahora siguen acompañándose. Mariana llegó a nuestra casa el 3 de agosto de 2007 con 18 meses. Su transición tenía momentos difíciles, pero después de un tiempo, era obvio que ella pertenecía acá.


Hemos tenido muchísimo apoyo de tanta gente por ese proceso – mis estudiantes quieren saber cuando pueden cuidar a Carlos y Mariana; mi familia se ha pasado con regalos y apoyo económico; mis colegas nos dieron dos fiestas de bienvenida con tantos regalos que hasta ahora, más de 15 meses después, estamos todavía sacando ropa nueva; la familia de Eduardo en Chile siempre está atento a nosotros y ahora que vamos a visitar por la primera vez como familia entera (Carlos y yo fuimos el año pasado) tienen grandes planes.


Carlos y Mariana están creciendo todos los días. Cada día es una nueva aventura para ellos y nosotros. Ellos están creciendo bilingües y ahora nos dicen a Eduardo y yo “Hablen en castellano” si decimos algo en ingles.


Esto ha sido una experiencia increíble para nosotros y no lo cambiaríamos por nada en el mundo. Si Ud. está pensando en adoptar – échele para adelante. Hay tanos niños y niñas que necesitan de su cariño, su amor, su seguridad; no les deje esperando más. Les aconsejo que crea una red de apoya de amigos, amigas y familiares; empiecen a mirar a otras familias cuando salen; empiecen a leer y a buscar y a juntar recursos para ayudarse en el proceso.